"DEJAR DE HABLAR CON UNO MISMO." cita del libro de Carlos Castaneda "Una realidad aparte."
"DEJAR DE HABLAR CON UNO MISMO." cita del libro de Carlos Castaneda "Una realidad aparte."
Hace años te dije que, en su vida cotidiana, el gue rrero escoge seguir el camino con corazón. La consistente
preferencia por el camino con corazón es lo que diferencia al guerrero del hombre común. El guerrero sabe que un
camino tiene corazón cuando es uno con él, cuando experimenta gran paz y placer al atravesar su largo. Las
cosas que un guerrero elige para hacer sus resguardos son los elementos de un camino con corazón.
-Pero usted dice que yo no soy guerrero, de modo que ¿cómo puedo escoger un camino con corazón?
-Este es el empalme de caminos. Digamos que hasta hoy no tenías verdadera necesidad de vivir como guerre ro.
Ahora es distinto, ahora debes rodearte con los ele mentos de un camino con corazón y debes rehusar el resto, o
de otro modo perecerás en el próximo encuentro. Puedo añadir que ya no necesitas pedir el encuentro. Ahora, un
aliado puede venir a ti mientras duermes; mientras hablas con tus amigos; mientras escribes.
-Durante años he tratado realmente de vivir de acuer do con sus enseñanzas -dije-. Por lo visto no he sabido
hacerlo. ¿Cómo puedo mejorar ahora?
-Piensas y hablas demasiado. Debes dejar de hablar contigo mismo.
¿Qué quiere usted decir?
-Hablas demasiado contigo mismo. No eres único en eso. Cada uno de nosotros lo hace. Sostenemos una
conver sación interna. Piensa en eso. ¿Qué es lo que siempre haces cuando estás solo?
-Hablo conmigo mismo.
-¿De qué te hablas?
-No sé; de cualquier cosa, supongo.
-Te voy a decir de qué nos hablamos. Nos hablamos de nuestro mundo. Es más, mantenemos nuestro mundo
con nuestra conversación interna.
-¿Cómo es eso?
-Cuando terminamos de hablar con nosotros mismos, el mundo es siempre como debería ser. Lo renovamos, lo
encendemos de vida, lo sostenemos con nuestra conversa ción interna. No sólo eso, sino que también escogemos
nuestros caminos al hablarnos a nosotros mismos. De allí que repetimos las mismas preferencias una y otra vez
hasta el día en que morimos, porque seguimos repitiendo la misma conversación interna una y otra vez hasta el
día en que morimos.
"Un guerrero se da cuenta de esto y lucha por parar su habladuría. Este es el último punto que debes saber si
quieres vivir como guerrero.
-¿Cómo puedo dejar de hablar conmigo mismo?
-Antes que nada debes usar tus oídos a fin de quitar a tus ojos parte de la carga. Desde que nacimos hemos es-
tado usando los ojos para juzgar el mundo. Hablamos a los demás, y nos hablamos a nosotros mismos, acerca
de lo que vemos. Un guerrero se da cuenta de esto y escucha el mundo; escucha los sonidos del mundo.
Guardé mis notas. Don Juan rió y dijo que no buscaba llevarme a forzar el proceso, que escuchar los sonidos del mundo debía hacerse armoniosamente y con gran paciencia.
-Un guerrero se da cuenta de que el mundo cambiará tan pronto como deje de hablarse a sí mismo -dijo-, y debe
estar preparado para esa sacudida monumental.
-¿Qué es lo que quiere usted decir, don Juan?
-El mundo es asi-y-así o así-y-asá sólo porque nos de cimos a nosotros mismos que esa es su forma. Si
dejamos de decirnos que el mundo es así-y-asá, el mundo deja de ser así-y-asá. En este momento no creo que
estés listo para un golpe tan enorme; por eso debes empezar despacio a deshacer el mundo.
-¡Palabra que no le entiendo!
-Tu problema es que confundes el mundo con lo que la gente hace. Pero tampoco en eso eres el único. Todos lo
hacemos. Las cosas que la gente hace son los resguardos contra las fuerzas que nos rodean; lo que hacemos
como gente nos da consuelo y nos hace sentirnos seguros; lo que la gente hace es por cierto muy importante,
pero sólo como resguardo. Nunca aprendemos que las cosas que hacemos como gente son sólo resguardos, y
dejamos que dominen y derriben nuestras vidas. De hecho, podría decir que para la humanidad, lo que la gente
hace es más grande y más importante que el mundo mismo.
-¿A qué llama usted el mundo?
-El mundo es todo lo que está encajado aquí -dijo, y pateó el suelo-. La vida, la muerte, la gente, los aliados y
todo lo demás que nos rodea. El mundo es incomprensible. Jamás lo entenderemos; jamás desenredaremos sus
secretos. Por eso, debemos tratarlo como lo que es: ¡un absoluto misterio!
"Pero un hombre corriente no hace esto. El mundo nun ca es un misterio para él, y cuando llega a viejo está con-
vencido de que no tiene nada más por qué vivir. Un viejo no ha agotado el mundo. Sólo ha agotado lo que la gente
hace. Pero en su estúpida confusión cree que el mundo ya no tiene misterios para él. ¡Qué precio tan calamitoso
pa gamos por nuestros resguardos!
"Un guerrero se da cuenta de esta confusión y aprende a tratar a las cosas debidamente. Las cosas que la
gente hace no pueden, bajo ninguna condición, ser más importan tes que el mundo. De modo que un guerrero trata
el mundo como un interminable misterio, y lo que la gente hace como un desatino sin fin."
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